Oktoberfest: 200 años de festival

En 1910, el Oktoberfest festejó su 100º aniversario con un consumo de 120.000 litros de cerveza, ¡un auténtico record!

Sin embargo, hasta nuestros días, ha habido muchos cambios en este evento. Lo que comenzó como una celebración oficial del matrimonio real del heredero de Baviera, ha evolucionado hasta convertirse en un importante motor económico de la zona.  Esta orientación mercantil estuvo presente desde las primeras ediciones, cuando se empezó a organizar una feria agrícola para promover la agricultura y la economía bávara. 

Oktoberfest: 200 años de festival

Durante el siglo XIX fueron los cerveceros bávaros los que hicieron crecer el festival, instalando ellos mismos las casetas (que evolucionarían de viajas barracas de madera a multitudinarias carpas), pero también ejercieron el control total del mismo. Las reglas de acceso fueron desde el comienzo muy restrictivas, y el negocio quedó exclusivamente en manos de las cerveceras familiares de la ciudad. 

En paralelo, el Oktoberfest eran una acontecimiento que atraía a todo tipo de comerciantes: de comida, artistas circenses, espectáculos tipo freak… y también prostitución. Todo estaba bastante reglamentado y parece ser que antiguamente las camareras se sacaban un sobresueldo con servicios extraordinarios que se realizaban en casetas con catres, habilitadas para eso.

En todos estos años las dos guerras mundiales y una superinflación en Alemania en 1923-1924 obligaron a suspender el festival. Pero lo curioso es que el parón que hubo el año pasado por motivos del COVID no fue la única epidemia que paró el Oktoberfest: ya en el siglo XIX el cólera obligó a cancelar esta multitudinaria concentración de bebedores de cerveza.

El momento más trágico del festival fue el 26 de septiembre de 1980, exactamente a las 22:19, cuando explotó una bomba en la entrada principal. La bomba estaba fabricada con un extintor vacío lleno con 1,39 kg de TNT. Trece personas perdieron la vida, más de 201 quedaron heridas, de las cuales 68 en estado grave. La responsabilidad del atentado se atribuyó a Gundolf Köhler, de 21 años, un extremista de derecha, muerto él mismo durante el atentado y que habría actuado solo.

 

Tradiciones y mazazos

Desde 1950, es tradición que el alcalde de Múnich abra a golpe de mazo el grifo cervecero al grito de «O’zapft is!» o lo que es lo mismo «está abierto, ¡que comience la fiesta!». Algunos alcaldes tardan más en conseguir romper el grifo (el que más tarde lo consiguió fue tras 19 golpes). El record al más rápido lo tiene alcalde Ude; le bastaron dos simples mazazos para inaugurar la fiesta.

Según el rito, el presidente de Baviera debe tomar la primera maß (jarra de cerveza de un litro de contenido). Después se abren los barriles en las demás carpas y se sirve cerveza a los asistentes.

También es a partir de esta fecha cuando se instaura el desfile de apertura, encabezado por el alcalde y un personaje que representa al Münchner Kindl (la figura de un niño que aparece en el escudo de la ciudad). A estas autoridades les siguen ostentosos carros de caballos cargados con barriles de cerveza y otro tipo de carruajes (que representan los antiguos carros de feriantes que se unen a la fiesta). Todo esto amenizado por la música de las diferentes bandas que también tocarán en las carpas.

 

Una pesada jarra

Una pesada jarra

Tradicionalmente la cerveza se sirve en la llamada maßkrug o sencillamente maß: una robusta jarra de vidrio grueso con hoyuelos y una asa bien grandota, perfecta para chocarla en el brindis. Pesa más de un kilo vacía y tiene un litro de capacidad, lo que hace de ella un mastodonte de 2 kilos cuando rebosa cerveza.

Y por supuesto, está más que prohibido llevarse una maßkrug de suvenir. Aunque tiene mérito intentar esconder una jarra de esas proporciones sin que se note, tiene multa (de más de 50€!) el hecho de solo intentarlo. Y hay gente con mucha fe, porque durante estos años, y según fuentes oficiales del festival, se han intentado robar 110.000 jarras de cerveza….

También es increíble el número de maß que los camareros son capaces de llevar de una vez. El record mundial de “transporte de cerveza” lo tiene el, como no podía ser de otra forma, bávaro Oliver Struempfel, que en 2017 batió su propia marca llevando de una sola vez 29 jarras durante 40 metros y sin derramar más del 10% del contenido. Para que os hagáis una idea, ¡eran más de 60 kilos de peso!

¡Celebra el Oktoberfest con nosotros!

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